Yo mismo con mi turismo

26 jul. 2017

Los emprendedores de ahora (antes obreros)


Rajoy testifica por los hechos de Gürtel

MARISA RECUERO

«Mariano Rajoy no comparece como presidente del Gobierno, sino como un ciudadano español en calidad de testigo por hechos que se están juzgando en este tribunal en razón a los cargos que tenía en el PP, colaboración con la justicia y en un acto ciudadano que se enmarca en la normalidad democrática y del Estado de Derecho». Así se expresó el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga el caso Gürtel en el auto que citó como testigo al presidente del Gobierno, el pasado 30 de mayo.
Dos meses después, el macrooperativo de seguridad organizado en torno a la testificación de Rajoy en el juicio de Gürtel -83 medios de comunicación acreditados, 21 extranjeros; 312 personas, entre periodistas, personal técnico y fotoperiodistas- y la presencia institucional de cargos del poder judicial, convirtieron la declaración de hoy del «ciudadano español» Mariano Rajoy Brey en la comparecencia de «un ciudadano» con todos los honores.
Rajoy declarará en presencia del recién nombrado fiscal jefe de Anticorrupción, Alejandro Luzón, que asistirá por «cortesía institucional» a la sede que la Audiencia Nacional tiene en San Fernando de Henares (Madrid) -lugar donde se celebra el juicio-, pero dejará que sean las fiscales del caso -Concepción Sabadell y Concepción Nicolás- las que dirijan el interrogatorio, según informó el propio Ministerio Fiscal.
Conviene advertir de que la Fiscalía siempre se ha opuesto a que el presidente del Gobierno declare como testigo en este juicio. Es más, llegó a calificar la comparecencia de «inútil». Es por ello que la fiscal que se encargue de la declaración podría no realizar ninguna pregunta al presidente. No obstante, a la vista de las respuestas iniciales que dé al abogado de la acusación popular que pidió su comparecencia -la Asociación de Abogados Demócratas por Europa (Adade)-, la fiscal correspondiente podría tomar la palabra para interrogar a Rajoy.
Será José Mariano Benítez de Lugo, presidente de Adade, el encargado de dirigir el interrogatorio. Y es que la ocasión lo merece, siendo el letrado Francisco Montiel, representante también de esta asociación, el que pregunte al presidente del Senado, Pío García-Escudero, que testificará después de Rajoy.
El propio presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, podría asistir a la testificación de Rajoy, aunque al cierre de esta edición aún no había confirmado su asistencia por motivos de agenda.
La comparecencia se realizará desde el estrado, al mismo nivel al que está situado el tribunal. Así lo ofreció la Sección Segunda de la Sala de lo Penal que juzga el caso, para preservar la imagen institucional de Rajoy.
Sin duda, uno de los momentos más esperados será el cruce de miradas entre Rajoy y Luis Bárcenas. El presidente, que asiste como testigo por haber sido vicesecretario, secretario general y presidente del PP entre 1999 y 2005 -periodo que se juzga en este procedimiento-, se encontrará cara a cara, por primera vez en cuatro años, con el ex tesorero del PP. No verá, en cambio, a la esposa de éste, Rosalía Iglesias; al cabecilla de la trama, Francisco Correa; ni al ex dirigente del PP de Galicia, Pablo Crespo, ni a Álvaro Pérez, El Bigotes. Estos cuatro acusados no asistirán al juicio.
Es la segunda vez que Rajoy comparece para rendir cuentas de la presunta financiación irregular del partido que preside. La primera fue el 1 de agosto de 2013, en el Congreso. «No me voy a declarar culpable, porque no lo soy. No tengo constancia alguna de que mi partido se haya financiado ilegalmente». Así respondió al entonces líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.
El presidente supo entonces salir airoso del primer interrogatorio al que se enfrentó por el caso Gürtel y encontró las palabras adecuadas para desvincularse de Bárcenas y justificar el famoso mensaje que envió al ex tesorero antes de que éste entrara en prisión: «Luis, sé fuerte». «Me equivoqué en pensar que era inocente quien no lo era», alegó Rajoy en el Congreso.
El artículo 439 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal advierte de que «no se harán al testigo preguntas capciosas ni sugestivas, ni se empleará coacción, engaño, promesa ni artificio alguno para obligarle o inducirle a declarar en determinado sentido». Habrá que esperar a que concluya el interrogatorio para saber si se ajustó a la ley.

El México de López Obrador

El programa electoral que el político que aspira a convertirse a presidente de la República plasma es su último libro se sube a la oleada de utopías regresivas que triunfan en el mundo y busca que el país vuelva a la época anterior a 1983

Quien quiera saber algo de las extrañas aguas en que México navega hacia el futuro debe leer el libro de Andrés Manuel López Obrador, el hombre que trata por tercera vez de ganar la presidencia y va adelante en las encuestas.
El México de López ObradorEl libro se llama 2018: La salida. Decadencia y renacimiento de México. El retrato de la decadencia carga las tintas al describir los males del país. La promesa de renacimiento es de una simpleza que desarma. Pero la mezcla del relato indignado y de la promesa utópica toca parte de las “ganas de creer” que hay en el fondo de la incredulidad mexicana.
Según López Obrador, desde que se implantó en 1983 el “modelo neoliberal”, México es “una “república simulada, no un gobierno del pueblo para el pueblo”. Desde entonces, afirma, el “Estado ha sido convertido en un mero comité al servicio de una minoría rapaz”.
Tolstoi ha dicho: “Un Estado que no procura la justicia no es más que una banda de malhechores”. Desde 1983, asegura López Obrador, México está gobernado por una banda de malhechores : una “mafia en el poder”. Los instrumentos de esa mafia son “privatizar, sinónimo de robar”; el “contratismo voraz”; “la delincuencia de cuello blanco”; y haberle torcido “el pescuezo a la gallina de los huevos de oro”: la renta petrolera monopólica de Pemex.
El llamamiento a creer puede ser la pieza más potente de la propuesta del político mexicano
El recuento es eficaz y deja al lector colgado de la memoria de sus propias iras. Lo que uno espera a continuación es la promesa de limpia. Pero lo que sucede a continuación es que López Obrador otorga el perdón a los malhechores.
Escribe: “Les decimos a los integrantes del grupo en el poder que a pesar del gran daño que le han causado al pueblo y a la nación no les guardamos ningún rencor y les aseguramos que tras su posible derrota en 2018 no habrá represalias, persecución o destierro para nadie” (página 102).
Si prometiera esto otro candidato, López Obrador diría que tanta magnanimidad no puede ser sino complicidad. Y tendría razón.
Pasado el trago del perdón, López Obrador se desborda en su propuesta. Cree, con el general Francisco J. Múgica, amigo del presidente Lázaro Cárdenas, paradigma histórico de López Obrador, junto con Fidel Castro y Salvador Allende, que para lograr la prosperidad de México hacen falta sólo “la simple moralidad” y “algunas pequeñas reformas”.
López Obrador no ha ido muy lejos para encontrar al personaje que encarna la reserva de “simple moralidad” que Múgica soñaba. Le ha bastado verse en el espejo: la reserva de “simple moralidad” que le falta a México es él mismo. Él es el instrumento capaz de poner fin a la corrupción que agobia a la república. Bastará hacerlo presidente, y la limpia vendrá desde arriba.
El autor quiere crear una “república amorosa para promover el bien y lograr la felicidad”
Explica: “Los comportamientos corruptos, aparentemente estructurales, se van a eliminar con relativa facilidad porque, entre otras cosas, el presidente de la república no será parte de esos arreglos y, por el contrario, se convertirá en el principal guardián del presupuesto y en promotor decidido de la nueva cultura de la honestidad dentro del Gobierno y en la sociedad” (página 151).
La suspensión de la corrupción, según López Obrador, permitirá al Gobierno un ahorro de 500.000 millones de pesos cada año, con los cuales el Estado podrá recobrar la iniciativa destruida por el neoliberalismo, hacer las inversiones necesarias para que haya crecimiento económico y equidad social, y atraer la inversión privada en proporciones de 1 a 16: por cada peso invertido por el Estado, los privados pondrán 16, como fue el caso, según López Obrador, durante sus años de gobierno de la Ciudad de México (2000-2005).
Mediante estas sencillas fórmulas, México crecerá al 4% en los primeros cuatro años del Gobierno de López Obrador, y al 6% en los dos últimos. Para entonces “los trabajadores habrán recuperado cuando menos el 20% de su poder adquisitivo. Ningún mexicano padecerá hambre y nadie vivirá en la pobreza extrema. Los adultos mayores gozarán de pensiones justas y vivirán sin preocupaciones materiales y serán felices”.
Porque López Obrador no sólo quiere traer a México prosperidad y bienestar, también quiere implantar una “república amorosa para promover el bien y lograr la felicidad” (página 261).
Dejamos aquí los linderos de la política y entramos en los del delirio o la fe. La agenda se vuelve evangelio, el proyecto político, camino a la felicidad.
No he visto nunca en López Obrador sino a un político profesional. Soy incapaz de penetrar o de creer en su dimensión ética o moral. Lo que veo en su evangelio es sobre todo el propósito político. Creo que lee bien la revuelta moral (contra la corrupción, contra la impunidad, contra la ineficacia del Gobierno) que recorre México. Para subirse a esa creciente marea ha decidido ir un paso más allá del discurso de la indignación, hasta el discurso religioso.
Creo que actúa en esto con pragmatismo absoluto, subiendo las apuestas: si tenemos que hacer promesas incumplibles, que sean gigantescas; si tenemos que dar soluciones difíciles, que sean absolutas; si tenemos que estimular la fe, prometamos el cielo en la tierra.
El llamado a creer puede ser la pieza más potente de la propuesta de López Obrador, porque está leyendo algo sencillo y profundo de las emociones que dominan el desencanto mexicano.
Ese algo podría resumirse de la siguiente manera: ahí donde todos dicen ya no creer en nada, debe haber unas ganas enormes de creer en algo que rompa con todo.
No hace falta que las ganas de creer ganen las emociones de todos los mexicanos. Basta con que un tercio de los votantes se disponga a creer que la promesa de López Obrador se hará realidad. Entonces López Obrador ganará la presidencia y los mexicanos pagaremos por partida doble: por no haber creído en nada y por haber creído de más.
La república amorosa de López Obrador quiere volver al México anterior a 1983. Busca la restauración del viejo Estado grande y el viejo presidencialismo populista. Es la versión mexicana del oleaje de utopías regresivas que bañan al mundo.
No es una casualidad histórica que vaya ganando.

Héctor Aguilar Camín es escritor y director de la revista Nexos.

El problema de los jubilados


25 jul. 2017

Menos lobos, Cocomocho

Ramón De España

Pues nada, ya hemos oído al president en la prensa francesa: si lo inhabilitan, no piensa hacer ni caso porque a él solo puede inhabilitarle el Parlamento catalán. Nueva baladronada del jefe, nueva machada. Todo lo que sea hablar se le da de maravilla, pero en cuanto hay que firmar un papel, le pasa el bolígrafo a Junqueras, quien lo hace desaparecer como por arte de birlibirloque. Además de largar, la otra especialidad de Cocomocho es nombrar independentistas radicales para cargos de confianza: de ahí que los Mossos d'Esquadra estén ahora en manos de dos energúmenos como Joaquim Forn y Pere Soler; el primero se estrenó hace 25 años con la campaña olímpica Freedom for Catalonia, y el segundo tuiteaba mensajes ofensivos para los españoles, que le dábamos mucha pena. Se trata, supongo, de que, si pintan bastos, estos dos pretorianos se encarguen de poner a la policía autonómica a las órdenes de un presidente que se expresa como un portero de discoteca. Estoy esperando con ansia que le diga a Montoro, caso de que éste le corte el grifo del FLA, que te meto con el mechero o afloja la mosca, calvorota.
Para no ser nadie, Puigdemont se ha crecido muchísimo desde que Artur Mas le cedió el puesto por imperativo de la CUP. Porque, vamos a ver, ¿quién es el tal Puigdemont y qué ha hecho en la vida? Pues aparte de atiborrarse de xuxos de la pastelería familiar, poca cosa. Básicamente, vivir siempre a costa del erario público: toda su carrera periodística --por llamarla de alguna manera-- ha sido sufragada por la Generalitat, lo que le hace equivalente al que empieza de botones en La Caixa y, al cabo de muchos años, acaba de director de una sucursal en Girona. Da vergüenza enviarle a Madrid, y ya no hablemos de sus viajes a lo largo y ancho de este mundo, solo o en compañía de Romeva, otra lumbrera.
Si, como parece, está dispuesto a llegar al enfrentamiento con el Gobierno central, ¿por qué no lo hace de una vez? De momento, ni él ni sus secuaces se mueven de la postura modelo “perro ladrador, poco mordedor”. Cada día son más chulos, sí, más ofensivos y más desagradables, pero los días van pasando y el referéndum sigue siendo una promesa para cuyo cumplimiento no se hace nada de nada. ¿Les va a vender alguien las urnas de viva voz y con un apretón de manos? En eso parece confiar el Junqui, que le tiene un miedo atroz a estampar su firma en un papel. ¿Se piensan tirar dos meses gruñendo, despotricando y sin poner nada en marcha? ¿Nos convocarán a las urnas de palabra y por TV3% y Catalunya Ràdio? ¿Recuperarán la entrañable figura del pregonero en las ciudades y pueblos de Cataluña?
Por si acaso, no estaría mal ir poniendo a los mossos a las órdenes del Ministerio del Interior, ¿no crees, Mariano? No sea que luego haya muertos, como cuando lo de Companys. Y tampoco estaría mal tapiar las alcantarillas, que es por donde suelen darse el piro los sediciosos. Tengo más propuestas, pero no me caben.

Un Bolívar de guiñol

RAÚL DEL POZO
Carles Puigdemont, un títere de guante, ha declarado en Le Figaro que si el Tribunal Constitucional lo inhabilita no lo aceptará. Los separatistas, por fin, han descubierto cómo se fraguan las independencias: desobedeciendo las leyes de la metrópoli. Lo que proponen no es un referéndum, sino una insurrección y la quieren organizar desde el propio Estado con el apoyo de la gente en la calle de un septiembre turbulento. Ya en el 1907, hace 110 años, Nicolás Salmerón, proponía, desde Solidaridad, una república catalana. El viejo político reconocía que la insurrección es el último, pero el más sagrado de los derechos. Es que lo más cargante y soporífero del folletín catalán es su repetido tedio, sus gastadas marionetas. Cuentan los cronistas que Maura recordaba a los de Solidaridad que cuatro provincias no podían oponerse a la voluntad de las 45 restantes mientras Salmerón, que no era catalán sino de Alhama Seca (Almería), amenazaba con la insurrección. Este político fue durante mes y medio presidente de la Primera República y acabó intentando proclamar la catalana, que se frustró en muchas ocasiones y en aquella también.
Puigdemont, ese Bolívar de guiñol, con peluca de crines de caballo, ya no es un pelele en manos de Mas y Junqueras; demuestra tener carácter y está siendo tan aborrecido por los españoles, como lo fue El Libertador. Es casi seguro que al final de la sesión en el retablo de los títeres le van a dar el cachupinazo. De momento, es el que más las pía.
"Bolívar no lee más literatura francesa de carácter liviano", escribía Carlos Marx. Retrató a aquel independentista como un canalla, cruel, brutal y miserable. Lo comparó con Soulouque, dictador megalómano y asesino de Haití. Los españoles escupían en sus retratos. "Me acusan -reconocía el criollo- de todos los males y me niegan todas las virtudes. No ahorran en negaciones y bajezas". A aquel al que llamaban negrero, racista, ladrón, sanguinario, se le mitifica hoy como a uno de los americanos más importantes de la historia. Ya sé que también me insultan a mí por decir esto. Cataluña no es una colonia, no le corresponde el derecho de autodeterminación y todo responde a una farsa. Una pandilla de bribones han utilizado otra vez un gonfalón con estrellas como refugio de ladrones. Juan Marsé los ve como una "panda de impresentables llenos de estulticia y roña ideológica". Lo más probable es que hagan el ridículo por quinta vez y tampoco descapullen en esta ocasión porque han organizado un golpe de teatro, sin censo, sin oposición, sin porcentaje mínimo. Pero hay que reconocer que han sido capaces de crear la incertidumbre y de amenazar la frágil estabilidad política. No van a ganar, y si ganaran, el desenlace no sería sangriento como en Yugoslavia. Sería quizás un divorcio de terciopelo, al estilo del modelo checoslovaco.
Si triunfaran, es un decir, los títeres de serrín pasarían a ser estatuas y calles; les llamarían padres de la patria y les harían pomposos sepelios.

El Rey atribuye el éxito de los JJOO de Barcelona'92 a la "unidad de todos alrededor de un proyecto"

ANDRÉS CORPAS
Hoy, las calles de Barcelona se iluminan con la luz del pebetero del estadio Lluís Companys. Tararean el himno de Montserrat Caballé y Freddie Mercury cantaron con el corazón. Celebran las medallas propias y ajenas que se consiguieron en los Juegos Olímpicos de 1992, sean sociales o deportivas.
El evento conmemorativo en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, cuna de éxitos desde hace 30 años que pasará a llevar el nombre de su primer presidente Josep Lluís Vilaseca, ha servido de observatorio para mirar con orgullo al pasado y con esperanza al futuro. Su Majestad el Rey Felipe VI ha presidido un acto nostálgico, por supuesto, pero sin esa capa de tristeza que suele acumularse habitualmente. Más bien, optimismo, alegría y satisfacción. Y también de actualidad política catalana y española en los discursos, e incluso con un incidente atajado al instante después de uno de los invitados intentara mostrar una bandera independentista durante el discurso del monarca.
"Los Juegos fueron el producto del esfuerzo, generalidad, solidaridad y compromiso de todos. De la unidad de todos alrededor de un proyecto con el apoyo de las instituciones y de millones de personas y de voluntarios de toda España, y de un pueblo ilusionado de lo que conseguíamos en Barcelona. Todos juntos continuaremos nuestra trayectoria mejorando el progreso que hemos sabido mantener con espíritu de concordia", afirmó el monarca español, con un mensaje con poso político y social durante estos días en Cataluña, con el referéndum independentista del 1 de octubre de fondo.
Un panorama que tampoco descartó el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en su discurso: "La unidad de las instituciones públicas permite construir una sociedad mejor, más justa, más formada y libre desde el deporte. Fueron los Juegos de todos y para todos, un reflejo de la forma de ser de Cataluña y su gente, ilusionada. Con respeto, diálogo y pacto".
Incluso el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, tuvo palabras que iban en esa misma dirección durante su discurso: "Planificar juntos es el gran legado de esos Juegos. Cuando España se propone una cosa, todos juntos, es la número uno del mundo".
Durante el acto, al que acudieron también la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Iñigo Méndez de Vigo, el presidente del Consejo Superior de Deportes, José Ramón Lete, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Tomas Bach, así como innumerables deportistas olímpicos de aquella época y posteriores, se recordó el cambio de la ciudad y el impacto de esos Juegos.
Cabe destacar un único incidente en mitad de la impecable organización del acto. La seguridad detuvo a uno de los invitados, sentado en la parte final del auditorio, que quería sacar una estelada justo cuando Felipe VI estaba a punto de iniciar su parlamento, y una vez retirada se mantuvo en pie con un mensaje reivindicativo en un trozo de papel: 'Volem votar'.

Mariano: ¡Al salón!


La pancarta de la vergüenza ajena



A pesar de los gestos oficiales un centenar de refugiados tuvo que acampar al lado de la M-30

Pancarta en el ayuntamiento de Madrid dando la bienvenida a los refugiados.La plaza de Cibeles es uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, es algo así como el gran escaparate de la ciudad en donde se celebran o por donde transcurren los acontecimientos más importantes de la capital y, posiblemente, de España. Presidida por la estatua de la diosa frigia, el neoplateresco palacio de Telecomunicaciones, sede del actual gobierno municipal de Manuela Carmena (Ahora Madrid), escolta a la deidad griega desde 1919. Lo cierto es que la orientación del carro que porta a la Madre Tierra —hacia el sur de la ciudad y no hacia el este, donde se halla la casa consistorial— hace difícil que Cibeles y los dos amorcillos que la acompañan puedan ver la enorme pancarta (“Refugees Welcome”) que la alcaldesa colocó sobre la fachada principal del Ayuntamiento, a no ser que lo hagan de reojo. Quizás sea mejor así, para que la Magna Máter no se vea obligada a sentir vergüenza.
Cuando casi un centenar de refugiados sirios (30 de ellos menores) termina acampando en un pequeño parque de la M-30 porque no tiene adónde ir, y el Ayuntamiento mantiene el cartel de bienvenida, los ciudadanos quedan perplejos. Y eso que en mayo de este mismo año Carmena declaró: “Estamos dejando morir a infinidad de personas y estamos preparados para acogerles”.
Puede ser, pero el Ayuntamiento no lo ha hecho. Bien es verdad que la última responsabilidad sobre estas familias que han recorrido más de 5.000 kilómetros huyendo del horror de la guerra no recae directamente sobre los Consistorios, sino sobre el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, que tardó pocas horas —tras denunciarlo Ciudadanos— en trasladar a la mayoría de estas atemorizadas víctimas a la población de Azuqueca de Henares (Guadalajara).
Su alcalde, el socialista José Luis Blanco, que no coloca carteles, declaró con humildad: “La crisis humanitaria que viven los refugiados es un problema que nos compete a todas las Administraciones y a toda la sociedad. Por ello, desde el Ayuntamiento de Azuqueca nos ofrecemos a cooperar con el ministerio a pesar de que la competencia sea del Gobierno central”.
Ahora los refugiados han desaparecido de Madrid. El problema ha vuelto a hacerse invisible. Todos contentos. Las familias se desperdigarán por Europa, pero antes, a través de las ventanas de los autocares que los trasladaron a Guadalajara (al este de la ciudad), vieron el enorme y farisaico cartel que les daba la bienvenida a una ciudad que solo los acoge en un pequeño parterre de una autovía de circunvalación.
Nadia Otmani, presidenta de la asociación de mujeres marroquí, que acudió al parque a dar apoyo a los refugiados, lo explicó así: “Llevan dos semanas aquí, y nadie del Ayuntamiento ha dicho nada”. Pero se equivocó, sí habían hecho: habían colocado una hipócrita pancarta junto a la estatua de la Madre Tierra, la que mira de reojo y se sonroja por lo que ve.

Gregorio Morán sufre un infarto un día después de la polémica

El periodista se encuentra ingresado en el Hospital de Barcelona con pronóstico estable

Gregorio Morán sufre un infarto un día después de la polémica

El periodista Gregorio Morán se encuentra ingresado en el Hospital de Barcelona con pronóstico estable tras sufrir un infarto en la noche del pasado domingo. Morán, articulista en La Vanguardia, vió como el último de sus artículos para el diario no fue publicado, ya que el periodista se negó a modificar partes del texto.

La columna, titulada 'Los medios del Movimiento Nacional Catalán', criticaba las ayudas del Govern a los medios de comunicación afines. También advertía que “estamos en manos de un personal que bordea la ley, y que lo hace con el ánimo de no solo de incumplirla, sino de imponer la suya, que no es otra que ir a la ruptura y provocar un conflicto no solo cívico sino violento”.

“Necesitan algún muerto que sirva de símbolo a la asonada. En ocasiones pienso que estamos rememorando las guerras carlistas a los que son tan agradecidos gran parte de estos fanáticos del enfrentamiento. 'Un muerto salvaría a Cataluña', es el lema escondido entre los conspiradores de esta farsa”, añadía.

Caja de resistencia (incluye el 3%)


Carta al presidente del Gobierno


ALBERT BOADELLA

Señor presidente:
Dentro de un breve plazo de tiempo deberá usted tomar una decisión que me afecta como ciudadano español residente en Cataluña. De esta decisión no soy el único afectado sino que las consecuencias de su proceder, por activa o por pasiva, tendrán una repercusión trascendental en el devenir futuro de nuestra nación. A pesar de su tancredismo en situaciones anteriores que requerían una actuación tajante en este tema, sigo confiando en sus innatas habilidades de excelente autista político. Merece usted toda mi confianza porque, además, es hombre de gran suerte y, en este sentido, me permitirá que le aplique con el mayor respeto y cordialidad el dicho popular "ha nacido con la flor en el culo".
Lo descubrí hace ya muchos años en la Iglesia de San Martín Pinario de Santiago durante la entrega de medallas de las Bellas Artes. Sumergidos en la penumbra de aquella joya del barroco, los discursos del alcalde de Santiago, del presidente Fraga y del propio Monarca, no gozaron del rayo solar que, cual efecto divino proyectado desde el cimborio, iluminó exclusivamente a aquel Mariano Rajoy, ministro de Cultura, justo el tiempo exacto de su parlamento. Después volvió la penumbra. Quizá me recuerde usted completamente atónito comentándoselo más tarde en el aperitivo oficial.
Esta primera percepción ha sido plenamente ratificada por los acontecimientos posteriores. Unos años después, y contra todo pronóstico, fue escogido candidato a la Presidencia frente a un Rodrigo Rato en sus horas altas. Aquí la suerte no sólo le acompañó a usted por ser el designado sino que, indirectamente, la irradió sobre el propio Partido Popular, visto lo sucedido después con Rato. También, contra todo pronóstico, tuvo la fortuna de perder las elecciones frente a Rodríguez Zapatero. El asalto de la izquierda al día de reflexión le eximió durante unos años de cualquier responsabilidad posterior en la gestión de la fatídica crisis que asoló nuestro continente. Gracias a la incompetente Administración Zapatero para manejar la crisis y a la destreza que desplegó en crear ocurrencias desatinadas, dispuso usted del camino allanado para su nueva aparición como la sola alternativa sensata ante la ruina inminente. No tuvo que hacer nada. Sólo esperar.
Una vez en la Presidencia, el único brío ineludible era acallar periódicamente a los socialistas recordándoles el estropicio que habían perpetrado. Como por arte de magia, los críticos internos iban desapareciendo de su entorno, mientras que el principal partido de la oposición se hacía el harakiri nombrando candidato a Pedro Sánchez y contribuyendo así de nuevo a su buena estrella.
En todo el recorrido posterior, esta proverbial suerte sigue dejándome atónito. Ha sobrevivido con relativo desgaste a la patología anti PP que afecta una parte sustancial de la ciudadanía española. La oposición le regala además al pupilo Rivera y, para asustar a media España, un viejo Fantomas con coleta junto a un séquito de mocosos trasnochados. Cuando parecía que el PSOE levantaba cabeza con la juiciosa figura de Javier Fernández vuelve el destroyer Sánchez para rematar el partido... y usted viéndolas pasar ejerciendo de preceptor desde su escaño en el parvulario de la Carrera de San Jerónimo. Explayándose con un miserable rufián que parece colocado allí para servir de pasatiempo después de una tediosa sesión.
Comprendo que, en estas circunstancias, no le interese la política y prefiera un buen partido de fútbol. ¿Con tan propicia fortuna, por qué contaminarse en la política? ¿Por qué tomar decisiones de alto riesgo? Le envidio, señor Rajoy, ya que la felicidad consiste precisamente en conformarse con la suerte. Exactamente como usted. Con semejante buena estrella soy incapaz de imaginarme donde hubiéramos llegado en el caso de tomar decisiones osadas. No digo que su inmutable asueto no aporte aspectos positivos a la gobernabilidad de la nación. El estatismo ante Cataluña ha servido indirectamente para que los ciudadanos españoles y muchos extranjeros hayan asistido día a día al patético espectáculo de la degradación de una comunidad que años ha fue ejemplo de sensatez. Una degradación con escasos anticuerpos, y los pocos, repudiados como traidores. Este sosiego tan suyo sin intervenir en el delirio regional nos ha permitido ver episodios jamás imaginados. Episodios de auténtica república bananera con ímpetus totalitarios.
Editoriales conjuntos de todos los medios catalanes en defensa del nacionalismo. Padres de la patria enriqueciendo a sus retoños con el dinero público. Adoctrinamiento desde el jardín de infancia en el odio a lo español. Obispos cómplices y adeptos al mensaje disgregador e insolidario. Una burguesía pusilánime contribuyendo a que sus hijos vayan chuleando en camiseta por el Parlamento. Apología del incumplimiento de la ley en los medios de comunicación autonómicos. Colocación en la cúpula de la policía a quien comparte tales intenciones inconstitucionales y un gobierno lanzado en una demente huida hacia delante bordeando el abismo financiero y social. Eso sí, con un Tapies presidiendo la sala de los disparates para acomplejar al resto de españoles sobre la modernidad de Cataluña. En definitiva, una grotesca y falaz forma de proceder en la que planean destellos evocando la memoria del franquismo.
Todo esto ha sucedido impunemente. En las propias narices del Gobierno y las instituciones de la nación y sin que la dignidad de sus integrantes se haya sentido vulnerada por el escarnio constante a la soberanía nacional y al Estado de Derecho. Obviamente, ha sucedido porque se ha tolerado. Usted también. Unas veces por intereses inconfesables. Otras por la innoble actitud de una izquierda que siempre ha visto en esos intentos desmembradores la oportunidad de alcanzar el poder con demagogias de libertades al por mayor.
Desde los primeros signos de este motín, el Estado ha venido haciendo dejación de su responsabilidad en la protección de la igualdad de sus ciudadanos. Ante ello, me dirijo a usted, señor presidente, con inquietud y lo hago porque llegados a lo que considero una emergencia nacional creo intuir sus intenciones al respecto. Basándome en su actitud pretérita, sospecho que seguirá confiando en su buena estrella y en las virtudes del venerado Tancredo que tan buenos resultados le ha producido hasta hoy en otros ámbitos.
Seguirá en esta senda presuponiendo quizá que la creciente degradación política de los protagonistas desembocará en la putrefacción total del invento autodestruyéndose por sí mismo. Sin embargo, los acontecimientos demuestran que esta política ha significado un rotundo fracaso. El desvarío ha seguido aumentando, a pesar de la mensajera de la paz que envió hace escasamente un año y la tomaron por el pito del sereno. A pesar de los dictámenes judiciales.
Ahora el tema adquiere proporciones delirantes en la misma proporción que la debilidad del Estado se ha hecho cada vez más ostensible por no atajar precisamente el desafío a tiempo. Que son desleales, insolidarios y xenófobos, a estas alturas lo saben hoy todos los españoles. Por eso su política ha creado una sensación de impotencia a la ciudadanía ante la constante amenaza de sedición sin respuesta. Espero que su indiscutible sensatez le haga ver en esta ocasión trascendental la necesidad de confiar también en su buena estrella precisamente para tomar una decisión ejemplarizante. De lo contrario, en muy pocos años el secesionismo se convertirá en el auténtico hecho diferencial de los habitantes de esta península y usted, en el Cameron del sur.

Albert Boadella es dramaturgo.

El Gobierno catalán destituye a Xavier Gibert, ‘número dos’ de Cultura

Asumió el pasado 11 de julio la secretaría general del Departamento


Xavier Gibert.El Gobierno catalán ha decidido cesar a Xavier Gibert como secretario general del Departamento de Cultura. Así lo ha anunciado el portavoz del Gobierno catalán, Jordi Turull, este martes en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo Ejecutivo y así lo avanzó ayer EL PAÍS. En sustitución de Gibert se ha nombrado Maria Dolors Portús (Torelló, 1951), licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, diplomada en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad de Barcelona y con formación en gestión de bibliotecas y en gestión de recursos humanos y financieros.
Gibert, alto cargo de la Generalitat desde el primer gobierno de Artur Mas —2010—, asumió la posición de número dos de Cultura el 11 de julio pasado, una semana después de que Lluís Puig fuera nombrado consejero. Gibert había sido hasta entonces secretario general del Departamento de Empresa (2012-16) con Felip Puig. Anteriormente, cuando este último comandaba el Departamento de Interior, también había sido su secretario general. Durante la era Pujol, Gibert había asumido altas responsabilidades en el Departamento de Territorio y Sostenibilidad y en el Instituto Catalán de la Salud. Gibert se ha caracterizado por su tesón, discreción y alejamiento de los focos, según las personas consultadas que han trabajado con él.
Durante este mes de julio, ocho cargos han dejado el Govern, coincidiendo con el momento en que el president Carles Puigdemont y el vicepresidente, Oriol Junqueras, exigieran a los miembros del Govern complicidad sin titubeos con la convocatoria del 1 de octubre. Los consejeros Baiget (Empresa), Neus Munté (Presidencia), Meritxell Ruiz (Enseñanza) y Jordi Jané (Interior) han dejado el ejecutivo con un “paso al lado”, según palabras de Puigdemont. También lo han dejado el secretario de gobierno Joan Vidal de Ciurana, el director de los Mossos de Esquadra Albert Batlle, el director del servicio de emergencias Frederic Aran, la secretaria general de Educación Maria Jesús Mier y el secretario de Políticas Educativas de este departamento Antoni Llobet.
Con excepción de Baiget, que fue fulminado por Puigdemont por hacer públicas sus dudas acerca de la convocatoria del 1-O, el resto de altos cargos han dimitido por iniciativa propia, según la versión oficial de los hechos. Hasta ahora todos los cambios en el gobierno han afectado a cargos de la órbita del PDeCAT, algo que ha molestado en el seno de la formación exconvergente.

Y chics



ARCADI ESPADA
Los intelectuales y artistas catalanes de Juan Cruz se manifestaron ayer en El País sobre el Proceso. Todos ellos han tenido una gran influencia en la literatura, la música o el teatro español de las últimas décadas, y por lo tanto una gran influencia social. Es interesante leer lo que dicen, porque ayuda a comprender las razones de que en España esté a punto de desencadenarse una grave crisis institucional y civil. De las 15 personas entrevistadas, solo la escritora Núria Amat alude correctamente al nacionalismo, a su capacidad de manipulación y a sus mentiras, y a su tóxica responsabilidad. Los demás eluden su señalamiento. Eduardo Mendoza, siempre de broma, ay, dice incluso que el nacionalismo "es de otro tiempo y no es relevante en esta cuestión".
Es casi un lugar común de los constitucionalistas acusar a los dos grandes partidos españoles de no haber afrontado un combate intelectual y político de deslegitimación del nacionalismo. ¡Sin duda! Pero qué decir de la intelligentsia más directamente afectada por él. Lo que hoy manifiestan en el periódico es lo que han hecho siempre: contemporizar con una ideología siniestra que han contribuido a hacer pasable y hasta simpática. Lo que la gran mayoría de ellos no quiere advertir en el Proceso es, justamente, esta elementalidad radical: una parte considerable de los catalanes, liderados por un gobierno moralmente corrompido, han elegido el camino xenófobo y se niegan a convivir con el resto de españoles. Es probable, además, que esta elusión del auténtico problema esté justificada por otro rasgo característico de buena parte de los entrevistados: reconocer la implícita xenofobia nacionalista les obligaría a dejar de ser equidistantes. Porque la verdad es que el Partido Popular, o sea ¡el nacionalismo español!, no ha mostrado hasta ahora el más mínimo interés en romper la veterana convivencia entre catalanes y el resto de españoles.
Hace años, en uno de los picos de su Cordillera de los Pasos Perdidos, Andrés Trapiello explicaba el caso de un traductor de Cavafis que optó por dar en el prólogo del libro información preventiva, detallando que en el momento de escribir esas líneas estaba en una playa al lado de una mujer bellísima con la que acababa de hacer el amor.
Su histérico interés en que no los tomen por cavafis.

Chavismo y abismo.


Jarabe democrático


Pablo Iglesias, cuando se dedicaba a escrachar a políticos en la Complutense.

Este domingo, un venezolano increpó a Pablo Iglesias en un restaurante madrileño donde este comía en compañía de Irene Montero: "¡Venezuela se muere de hambre! ¡Los asesores, que lo piensen! ¡Un pueblo muriendo de hambre, que lo sepan!".
Los guardaespaldas impidieron que el hombre y sus acompañantes se acercaran a la mesa de Pablo e Irene, que permanecieron impasibles. Pueden ver el vídeo aquí.
Pese a que no hubo insultos, la respuesta de Pablo Iglesias en Twitter fue esta: "Recibir insultos va en el cargo, pero que el PP que gobierna en Madrid y en España lo promocione y aliente es grave".
Hace poco, Pablo Iglesias justificaba y promovía escraches, a los que llamaba "jarabe democrático" (vean el vídeo), pero por supuesto solo cuando iban dirigidos contra sus adversarios políticos. Contra él o los suyos, no. Hasta ahí podríamos llegar.


No le mentéis a Pablo, Venezuela.
No le gritéis reproches, que se enfada.

Dejadlo en paz, ¿no veis que no le agrada?

¿No veis que esa actitud le desconsuela?
Que no le abucheéis. Tened cautela.

Que no le gusta nada. Pero nada.

¿No veis que se le enmustia la mirada?

¿No veis que le provoca erisipela?
Dejad a Pablo en paz. Que necesita

tranquilidad, y cuando se le grita,

se pone tenso, triste y antipático.
No le gritéis a Pablo. No, cabritos.

Gritadle a la derecha, que esos gritos

sí son un buen jarabe democrático.

24 jul. 2017

Presidio VIP


Pedro Sánchez aparta a Alfonso Guerra de la fundación Pablo Iglesias

LUIS ÁNGEL SANZ

Quiere sustituirle por Tezanos el próximo lunes y hacerle presidente de honor de la Fundación Pablo Iglesias

La Ejecutiva del PSOE del próximo lunes tiene previsto apartar a Alfonso Guerra de la Fundación Pablo Iglesias, de la que ahora es presidente ejecutivo. Al menos, esa es la intención de Pedro Sánchez, que quiere nombrar al ex vicepresidente del Gobierno presidente de honor de este organismo y poner al frente del mismo al actual secretario de Estudios y Programas de la Ejecutiva socialista, José Félix Tezanos, de su máxima confianza.
Alfonso Guerra, en el Congreso, en una imagen de archivo.Sánchez quiere dar un empujón a esta fundación, según fuentes de la dirección, para convertirla en el think tank de referencia del PSOE, como intentó serlo en el pasado la Fundación Ideas.
Hasta ahora, Guerra no está en el día a día de la Fundación Pablo Iglesias, pero sí está detrás de todas las decisiones importantes de la misma, como confirman fuentes socialistas.
Al menos un día a la semana, Guerra acude a su despacho en Madrid desde Sevilla y despacha todos los asuntos pendientes. Además de estar siempre pendiente al teléfono.
El coordinador de la fundación es el actual secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, Rafael Simancas, que ha venido siendo el coordinador de fundaciones del PSOE desde el congreso extraordinario que ganó Pedro Sánchez. La Gestora le mantuvo en ese mismo puesto hasta las primarias.
Fuentes del PSOE explicaron que el día siguiente a las primarias del PSOE, Guerra llamó a Pedro Sánchez para felicitarle y puso a disposición su cargo al frente de la Fundación. El secretario general le contestó que ya hablarían de todo eso.
Tezanos hará compatible la Presidencia de la Pablo Iglesias con la dirección de la Fundación Sistemas, una entidad privada próxima al PSOE en la que Guerra es también presidente.
Guerra apoyó muy activamente a Susana Díaz en la campaña de las primarias. De hecho, estuvo en primera fila el día de su presentación en marzo en el pabellón de Ifema en Madrid. Y se mantuvo al lado de la presidenta de la Junta de Andalucía hasta el cierre de la campaña de las primarias.
El ex vicepresidente aceptó volver a estar en primera fila en el mitin de cierre en Sevilla de la candidata andaluza, cuando muchos pensaban ya que podía perder contra Pedro Sánchez tras el varapalo de los avales y distintos traspiés de la presidenta andaluza.
Felipe González, por ejemplo, ya no acudió al acto de Sevilla. Otros ex dirigentes que la apoyaron en Ifema, como Alfredo Pérez Rubalcaba, prefirieron no hacer después campaña pública a favor de la aspirante sevillana a secretaria general del PSOE.

Puigdemont dice ahora que mantendrá la neutralidad y no hará campaña por la independencia

Rafa Mezquita

El ‘President’ también anuncia a 'Le Figaró' que no obedecerá al Tribunal Constitucional si lo inhabilita por actuar de espaldas a la ley

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha asegurado: "Si el Tribunal Constitucional me inhabilita, como puede hacer, no aceptaré esta decisión. Solo el Parlament me puede suspender".
En una entrevista al diario conservador francés Le Figaro, Puigdemont ha avisado: "Una inmensa mayoría del pueblo catalán quiere votar. Suspendiéndome o expulsándome de mi despacho, Madrid no va a anular esta voluntad. No existe un poder suficientemente fuerte para cerrar el gran colegio electoral que será Catalunya el 1 de octubre".

Desobediencia

Puigdemont asegura que desobedecerán las decisiones del Constitucional. "No renunciaremos al referéndum aunque lo prohíba el Tribunal Constitucional" y ha asegurado que ignorarán al TC si suspende la ley del referéndum.
"Nuestro compromiso con el pueblo y con el Parlament es claro: debemos resolver nuestras reivindicaciones en las urnas. Ninguna suspensión, ninguna amenaza podrá impedir que los catalanes decidan su futuro de manera democrática", ha advertido.

Neutralidad gubernamental

Ha admitido que una "participación ridícula equivaldría a perder el referéndum", y se ha comprometido a que durante la organización de esta consulta el Govern y los ayuntamientos mantendrán una neutralidad escrupulosa sometida a un control de los observadores internacionales. O sea, que quienes gobiernan la Generalitat cambiarán de actitud. No se ha referido al papel que desempeñarán los medios de comunicación públicos.
"El Govern no hará campaña en favor de la independencia", ha asegurado al preguntársele por la neutralidad del escrutinio y por la actitud beligerante de la Generalitat ante una opción --la independencia-- que, como mucho, apoyan el 48% de los catalanes. La neutralidad del Gobierno es una de las condiciones que, en caso de que el referéndum fuera legal, debería cumplirse para reunir los requisítos mínimos de homologación.

Crisis de Govern

Sobre la remodelación de su Gobierno, ha explicado que la salida de tres consellers en las últimas semanas no tiene nada que ver con el referéndum del 1-O: "Todos me han manifestado su apoyo en este tema. Respeto sus decisiones personales".
Puigdemont ha explicado que si el 'sí' a la independencia gana el 1 de octubre, 48 horas después de la proclamación de los resultados --que puede prolongarse entre una semana y diez días-- explicarán que Catalunya "se transforma en un Estado independiente" y abrirán un periodo de transición que culminará con unas elecciones constituyentes, la redacción de una Constitución y su ratificación por un referéndum.
"Catalunya empezará a actuar como Estado independiente, pero no lo será de derecho hasta que esta transición culmine", ha manifestado.

Hacienda da 24 horas a la Generalitat para aclarar el posible desvío de 6.150 euros para el referéndum

EFEMADRID

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Se trata del segundo aviso en menos de una semana, después de que el pasado martes ya reclamara explicaciones por el desvío. La Generalitat ha repondido que no tiene relación con el referéndum.
El Ministerio de Hacienda ha dado 24 horas a la interventora general de la Generalitat de Cataluña, Rosa Vidal Planella, para que aclare si se han desviado 6.150 euros a preparar el referéndum del 1 de octubre y le ha recordado que puede tener responsabilidades administrativas o penales si no contesta.
El secretario de Estado de Hacienda, José Enrique Fernández de Moya, ha remitido hoy una carta a la interventora general de la Generalitat de Cataluña, la segunda en menos de una semana, después de la que le envió el pasado martes reclamando explicaciones por el desvío, detectado el pasado 13 de julio.
En esta nueva misiva, a la que ha tenido acceso Efe, Fernández de Moya recuerda el acuerdo del pasado viernes de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, que alertaba de la posibilidad de suspender las partidas a Cataluña del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) si se comprobaba que se estaba desviando dinero a preparar la consulta.
Un acuerdo mediante el cual se supervisará semanalmente las cuentas de la Generalitat evitar que se destine dinero al referéndum del 1-0, para lo que la interventora general debe emitir un certificado.
En ese certificado se debe hacer "expresa referencia a la existencia o no de partidas presupuestarias financiadas o no con cargo a los mecanismos de financiación que, directa o indirectamente, pretendan financiar o financien procesos refrendarios, así como las actuaciones llevadas a cabo para impedir el gasto correspondiente a esta finalidad".
También señala la carta que la información recabada se trasladará a las autoridades competentes para dirimir la posible exigencia de la responsabilidad administrativa, contable y/o penal que, en su caso, "pudiera corresponder a los responsables del uso de fondos públicos, cualquiera que fuera su procedencia, por el uso de recursos públicos para financiar actividades relacionadas con la celebración de procedimientos relativos a consultas o referéndums ilegales".
Añade que la "resistencia" o la "negativa" a suministrar la información solicitada será objeto igualmente de traslado a las autoridades competentes, "a los efectos de reclamar las responsabilidades que correspondan".
El Gobierno decidió aumentar su control sobre las cuentas de la Generalitat y verificarlas semanalmente después de detectar un desvío de 6.150 euros, en una de las certificaciones mensuales que hasta ahora estaba obligado a remitir el Govern catalán.
Fue en una partida, con cargo al programa "132. Organización, gestión y seguimiento de procesos electorales", sobre la que el Ministerio de Hacienda y Función Pública reclamó más explicaciones a la Intervención General de la Generalitat, que no ha contestado.

Cataluña niega relación alguna con el referéndum

La Interventora General de la Generalitat, Rosa Vidal, ha aclarado hoy al Ministerio de Hacienda que el gasto de 6.150 euros que ha llevado al Gobierno a activar el control semanal de los gastos de la Generalitat "no tiene relación con el referéndum" anunciado para el 1 de octubre.
Fuentes del departamento de Economía de la Generalitat han avanzado a Efe que Vidal ha respondido hoy a la solicitud de información del ministerio de Hacienda, que había dado 24 horas a la interventora para que aclarara si se han desviado 6.150 euros para preparar el referéndum del 1 de octubre.
Las fuentes consultadas por Efe han asegurado que esos 6.150 euros de gasto corresponden a un contrato de mantenimiento de un software relacionado con procesos electorales que implica al Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CTTI).